viernes, 1 de julio de 2016

Mesa redonda "Más allá del sujeto y el objeto: materialidad estética y sensibilidad impersonal en la filosofía posthumanista contemporánea"


En el marco del I Simposio Internacional / V Encuentro de Investigadores: "Lecturas sobre la modernidad estética: apariencia estética y desdiferenciación artística" (4 al 6 de agosto de 2016 en Córdoba, Argentina), Paula Fleisner coordinará la siguiente mesa redonda


Más allá del sujeto y el objeto: materialidad estética y sensibilidad impersonal en la filosofía posthumanista contemporánea

Jueves 4 de agosto, de 11.15 a 12.45 h.

Resumen de la mesa:
En “Autonomía y progreso en el arte contemporáneo” (2011) Juliane Rebentisch señala dos mutaciones fundamentales, una de orden ontológico y otra de orden metodológico, que vuelven necesaria una reformulación de lo estético y de su autonomía para pensar el arte actual: la des-limitación del trabajo artístico tradicional y la imposibilidad de conceptualizar el contenido de verdad de las obras en el marco de un sistema filosófico. Lejos de considerar esta situación como el final de la historia o de la posibilidad de una determinación conceptual del arte o del juicio crítico en cuanto tal, Rebentisch afirma que se trata simplemente del final de una “noción objetivista de la historia, del arte y de la crítica” y, por lo tanto, es parte del propio desarrollo de la teoría artística y no una ruptura con ella.Asumiendo este diagnóstico de des-diferenciación artística y des-fundamentación filosófica y su relación con el problema de la concepción objetivista moderna ─aunque poniendo en suspenso la solución evolucionista propuesta por Rebentisch─, en esta mesa se propone explorar una tradición estética que ha pensado el arte desde una perspectiva postnietzscheana a partir de una radical crítica a los conceptos de sujeto y objeto vinculados al arte.
Esta tradición no constituye, ciertamente, un discurso filosófico exclusivamente estético sino que se sitúa en los márgenes del “disciplinamiento” filosófico, es decir, de la separación y jerarquización de la filosofía en disciplinas estancas; y tampoco comparte la totalidad de sus premisas, sino que se orienta de acuerdo a una concepción materialista no antropocentrada de lo que existe. Se trata, como diría Althusser en referencia al “materialismo del encuentro”, de una “posición” común frente a la existencia antes que de una escuela sistemática de pensamiento. Por un lado, este linaje filosófico (deudor de la crítica nietzscheana a la discursividad metafísica y te(le)ológica) reivindica para el arte una materialidad específica, no objetual, es decir, no dependiente de una “realidad” que se constituya como su causa, sino simultáneamente física y expresiva, tangible y encarnada. Por el otro, aboga por un arte y una filosofía del arte no humanistas en las que se ponen en juego y se piensan placeres sensoriales, afectos, engramas o emociones impersonales no necesariamente anclados en un sujeto que los unifique y constituya como tales. Así, el problema central de la estética contemporánea podría acaso pensarse desde esta perspectiva que, en lugar de centrarse en el binomio sujeto-objeto, busca en el arte una prerrogativa no exclusivamente “humana”. Deleuze y Guattari, aparentemente alejados del debate estético-filosófico, han afirmado vehementemente la necesidad de rechazar esta prerrogativa indicando que el arte es en principio del animal, y solo en segundo lugar humano. El acento que ha puesto Deleuze en cierta traducción estética del concepto spinoziano de afecto (como contraparte del concepto moderno de sentimiento) nos abre un camino interesante en la construcción del eslabón faltante entre la estética moderna y aquella que se desprende de la dupla francesa. Por su parte, en sus reflexiones marginales sobre la imagen en la pintura fotogénica de Fromanger y el dibujo de Byzantios, Foucault intenta recuperar el carácter rebelde de una imaginación inhumana que nos permitirá abordar la espacialidad positiva donde las imágenes no devienen “objetos” sino un delirio de apariciones no representativas. Finalmente, también las reflexiones de Agamben y de Didi-Huberman en torno a la herencia warburguiana serán leídas como un intento de pensar una estética ocupada en el problema de la transformación de la emotividad a-humana en la materia de las imágenes artísticas, que desde siempre muestran la potencial contaminación entre las artes. 

Guadalupe Lucero (UBA/CONICET): Del sentimiento al afecto: Deleuze y la estética moderna

Gilles Deleuze ha escrito sobre literatura, sobre pintura, sobre cine, sobre teatro, sobre música. Sin embargo ¿podemos hablar de una estética deleuziana? Hace ya veinte años, Rancière se preguntaba sobre esta posibilidad, y si la profusión de estudios dedicados al lugar del arte en la obra de Deleuze parece anular por la positiva la pregunta, consideramos que el núcleo problemático tal como lo formulara Rancière se mantiene aún oscuro. Lo que el autor de El desacuerdo coloca bajo el signo de pregunta no es la relación entre Deleuze y el arte, sino la relación entre Deleuze y la estética, es decir, esa disciplina filosófica hija de la modernidad, que viene a salvar las distancias entre lo inteligible y lo sensible, entre la razón y la pasión. Si vale la pena preguntarse por la relación entre Deleuze y la estética, es porque en su vínculo con la literatura, el cine, la pintura, la música, algo de esa tradición estética se pone en juego. En este trabajo discutiré algunas de las premisas del revisitado artículo de Rancière “¿Existe una estética deleuziana?”, para mostrar que si es posible inscribir a Deleuze en la tradición de los problemas de la estética moderna es a través del pasaje del sentimiento al afecto en los textos de la primera mitad de la década del 80.


Noelia Billi (UBA): Seducción de la imagen y teleplastia, entre Foucault y Caillois

La cuestión de la imagen y lo imaginario constituyó una inquietud desde los inicios del pensamiento foucaultiano. Junto a la densa elaboración teórica de la escena representativa en Las palabras y las cosas suelen comentarse sus textos acerca de la literatura, donde trabaja un espectro amplio de producciones que van desde El Quijote hasta las novelas de Roussel y Blanchot. Sin embargo, hay una serie de intervenciones marginales acerca de lo imaginario que lo abordan como el “medio” en el que una experiencia no necesariamente humana se desenvuelve. Progresivamente esta línea de análisis adquiere sentido en torno a una impugnación de la remisión de la imagen a un ámbito no imagético y a la reivindicación de los caracteres físicos que son a la vez la condición de posibilidad y la materialidad de su aparición. En este trabajo nos proponemos dos objetivos. Por una parte, recorrer las intervenciones foucaultianas sobre la “pintura fotogénica” de Fromanger y el dibujo de Byzantios, en busca de los argumentos que permiten al pensador francés reivindicar la sublevación de las imágenes en cuanto es posible recuperar para ellas una espacialidad sensorial y seductora con un sentido que rompe con la banalización del ámbito publicitario y la propaganda política donde han sido recluidas por el discurso “culto” del arte. En segundo lugar, enfatizar el carácter inhumano (y por eso rebelde) de dichos espacios imagéticos a través del examen de la psicastenia legendaria realizada por Roger Caillois en ocasión de su indagación sobre la “mímesis” animal. Así pues, mientras Foucault detecta en Fromanger una estrategia contra-representativa que no prescinde de la voluptuosidad y en Byzantios una imaginación que se desenvuelve por adición y no por negaciones (dialécticas o no), las investigaciones de Caillois nos permiten pensar la imagen como una “teleplastia” según la cual una porción de materia orgánica se (des)organiza funcionalmente en vistas a realizar con su “propia” materialidad una fotografía-escultura del medio que la atrae.


Paula Fleisner (UBA/CONICET): La imagen impersonal. Lecturas contemporáneas de Warburg en clave posthumanista

En Historia, Arte, cultura. De Aby Warburg a Carlo Ginsburg (2003), Burucúa reivindica un cierto método indiciario para el estudio histórico de las imágenes artísticas que, teniendo a Warburg como su precursor, tiene en Gombrich uno de sus mejores exponentes, ya que encausa el pathos presente en la investigación de aquel en una investigación de corte más iluminista y popperiana. Allí, no obstante, Burucúa deja señalada la importancia de los abordajes más recientes “en términos nietzscheanos” de la labor warburguiana. Este trabajo se propone analizar aquellos abordajes que buscan volver a pensar los elementos que los discípulos inmediatos de Warburg debieron dejar de lado para construir una iconología como “ciencia humanista” (según la fórmula de Panofsky): la vida en el concepto de Nachleben y el pathos en el de Pathosformel, ambos desde una perspectiva que anule su oposición jerarquizante con otros conceptos y que los asuma en su hibridez, su sobredeterminación y su contaminación dentro de las imágenes en las que aparecen. En esta tesitura se estudiarán, por un lado, los planteos agambenianos en torno al carácter polar, no dicotómico, de las fórmulas del pathos y su relación con la vida póstuma (simultáneamente fisiológica e histórica) de las imágenes, que permitiría pensar el arte como un modo de hacer que conserva y transforma el espacio a-subjetivo de las emociones en una experiencia de lo impersonal; y, por el otro, las consideraciones didi-hubermanianas en torno al modo de existencia (Lebensformen) involucrado en la supervivencia de las imágenes, entendido como un juego impuro de latencias y violencias y como una mezcla de bellezas y dolores, alejados de la estética moderna del gusto.